Segunda Guerra Carlista

La inestabilidad política del Estado y la falta de solución a los numerosos conflictos políticos, económicos y sociales planteados, acabarán con el estallido de la Segunda Guerra Carlista (1872-1876). Las transformaciones de los últimos años la distinguirán de la Primera, es decir, la movilidad de las tropas favorecida por las nuevas vías de comunicación, la eficacia de las armas, etc.

Estado Carlista

Entretanto los carlistas intentarán organizar un verdadero Estado en Euskal Herria, basándose en las Diputaciones. Dorronsoro, Diputado General de Gipuzkoa desarrollo una gran labor organizando los reemplazos y consiguiendo armas. Pero también en educación, impulsando la enseñanza del euskara o reinaugurando la Universidad de Oñate. El Estado carlista organizó los tribunales de justicia y llegó a publicar un nuevo Código Penal. Acuñó moneda en Oñate y no descuidó las labores de propaganda. El diario oficial carlista, “El Cuartel Real” también se publicó en Oñate, junto a multitud de folletos y proclamas.

Propaganda

Los carlistas dieron gran importancia a la propaganda de su causa. La figura del pretendiente Carlos VII se multiplicó a través de la fotografía hasta llegar al último rincón de Euskal Herria, antes, durante y tras la guerra.

Acciones

Nuevamente las capitales se mantenían en manos liberales y se convertían en el principal objetivo carlista. En enero de 1874 los carlistas toman Portugalete dando inicio a un nuevo sitio de Bilbao. En febrero, tras haber soportado un sitio de siete meses, los liberales abandonan Tolosa, reuniendo todas sus fuerzas en torno a San Sebastián. En marzo se producen los durísimos combates de Somorrostro, en el intento liberal de romper el bloqueo al que era sometido Bilbao. A pesar del endurecimiento del Sitio -los carlistas lanzaron más de 5.000 bombas sobre la ciudad en dos meses- Bilbao no se rindió y al iniciarse el mes de mayo los liberales rompieron el bloqueo y lograron entrar en la ciudad. La historia se repetía.

Derrota carlista

En febrero de 1876 Don Carlos cruza definitivamente, a pesar de su famoso “Volveré”, la frontera junto a más de 10.000 seguidores. Esta vez no habrá pacto sino derrota militar, lo que supondrá la abolición de los Fueros vascos.